Klek

Klek

La cuna del montañismo croata

Ninguna montaña croata ha quedado tan inmortalizada en las leyendas y tradiciones populares como el Klek. Este escarpado monte junto a la ciudad de Ogulin atrae las miradas desde lejos y eclipsa todo lo que existe en sus alrededores. El Klek siempre muestra una cara diferente, dependiendo del lado por el que nos acercamos a él, pero, independientemente de nuestro punto de partida, lo que acapara todas las miradas es su abrupto peñasco de 200 m de altura, así como el Klečica, un risco más pequeño que se eleva al norte de la cumbre principal. Visto desde este y desde sur, el Klek asemeja un gigante dormido, siendo el Klečica sus piernas y la cumbre de aquél su cabeza. Según la tradición popular, la cumbre del Klek es lugar de encuentro de brujas, peculiar símbolo de este monte y de la ciudad de Ogulin. Debido al especial valor paisajístico y biológico de la zona, unas 850 hectáreas están protegidas desde 1971 bajo la denominación de paisaje de interés. Una parte de ellas es, además, considerada reserva botánica y geomorfológica.

Klek
Alan Čaplar

El Klek tiene la forma de una cresta de cuatro kilómetros de largo, que se extiende de noroeste a sureste como un peñasco destacado en las estribaciones orientales del Velika Kapela. Sus laderas bajan gradualmente hacia el llano de Ogulin y el valle del Dobra. Bosques espesos cubren las faldas del Klek, mientras en el piedemonte se extienden praderas llenas de flores silvestres.

 

Los picos escarpados y rocosos del Klek imponen. Entre los más notables se destacan el Klečica o Mali Klek (1058 m) y el Veliki Klek (1182 m). La cumbre principal del Klek es un cabezo de diez metros de diámetro que corona unas paredes rocosas. Teniendo en cuenta que en la cima no hay árboles, estos picos ofrecen bonitas vistas del Bjelolasica, el Risnjak, Ogulin y el lago Sabljaci. Tampoco es de sorprender si en días despejados una mirada curiosa alcanza los Alpes julianos y los Alpes de Kamnik en Eslovenia. El risco de la cumbre del Klek se ha usado como terreno de entrenamiento para alpinistas croatas y numerosas escaladas de competición se han realizado precisamente allí, por lo que el Klek es considerado cuna del montañismo croata.


Dicha sea la verdad, el Klek se había ganado un lugar en la historia del montañismo croata incluso antes de los primeros logros de escalada. Se sabe que el rey Federico Augusto II de Sajonia, apasionado botanista, cumbreó el Klek en 1838, acompañado por el entonces coronel y más tarde gobernador de Croacia Josip Jelačić. Décadas más tarde, encantado con su subida al Klek en 1874, el profesor universitario de Graz Johanes Frischauf impulsó la creación de la Asociación Croata de Montañismo. 

Klek
Alan Čaplar

La presencia misteriosa y mística del Klek de Ogulin inspira leyendas desde los tiempos más remotos. El historiador y científico esloveno Johann Weichard Valvasor registró en el siglo XVII la creencia popular según la cual en noches de tormenta, en la misma cumbre del Klek, a las doce, se reunían brujas, hadas y elfos del mundo entero, y su baile y griterío llegaba al oído de los vecinos de Ogulin.

 

La subida más corta y popular hasta el pico del Klek comienza en Bjelsko, un barrio de la localidad de Musulinski Potok en el piedemonte occidental. La subida al albergue bajo el peñasco del Klek dura una hora, y en otra media hora se llega hasta la cumbre. Además de esta opción, al Klek se puede subir también por las rutas marcadas desde Ogulin o desde Hreljin. El recorrido no es complicado ni difícil, pero cada visita a este poderoso gigante durmiente al borde del Velika Kapela, a la cuna del montañismo croata y al reino de las brujas sobre Ogulin, es una experiencia que se recuerda durante mucho tiempo.